La condición humana / 2026






















La condición humana: belleza, deseo y ruina

Estos dibujos de Kevin Mancera están hechos con mucha, mucha delicadeza. Se encuentrauno con una belleza inquietante. Sin embargo, lo que aparece no es propiamente bello, o no lo es de la manera en que solemos esperar la belleza. Hay cuerpos abiertos, cabezas que lloran, esqueletos, heridas, frases que parecen escritas después de una revelación o de una caída.

En la obra de Mancera, el dibujo tiene una cualidad extraña: embellece lo que podría resultar desagradable. No porque lo suavice, sino porque lo vuelve visible de otra manera. Lo feo, lo triste, lo siniestro o lo grotesco no aparecen como golpes de efecto, sino como formas delicadas, y claramente preciosas. Uno puede detenerse en un cabello, en unacostilla, en una planta. Y obliga a mirar con atención. 

No se trata solo de ver cuerpos frágiles o escenas cómicamente dolorosas. Se trata de entrar en una sensibilidad en la que el sufrimiento no cancela el placer visual. Al contrario: el placer de mirar se mezcla con una especie de desconcierto. Hay goce en el detalle, pero ese goce nunca es cómodo. La mirada se queda atrapada entre cierta ternura y espanto.

La condición humana no aparece como una definición filosófica, sino como una colección de restos, ruegos y deseos. Ser humano es tener un cuerpo, y padecerlo. Es pedir algo, aunque nadie responda. Es desear, aunque el deseo se vuelva trampa. Es reírse un poco de la propia desgracia, porque el humor es lo que impide que la tristeza se vuelva demasiado solemne.

Por eso los textos son tan importantes. No funcionan como explicaciones de las imágenes, sino que son imágenes convertidas en sentencias afectivas. Tienen algo de epitafio y de chiste cruel: “Llorar más para que duela menos”, “Pídelo, todo te será negado”. Frases que parecen saber demasiado y, al mismo tiempo, conservan una ironía infantil. Como si el dibujo dijera: esto duele, sí, pero puede ser dicho con gracia; esto es terrible, sí, pero puede tener ritmo y belleza.

Hay una especie de comedia triste en estas obras. El humor aparece cuando la tragedia se vuelve demasiado exacta, cuando una frase resume con brutal sencillez algo que seseguramente todos hemos sentido pero preferimos no decir. Estas figuras sufren, ruegan, sangran, desean, se consumen, pero también parecen pertenecer al teatro absurdo de la existencia. Son criaturas vulnerables y, a la vez, ligeramente ridículas. Como todos.

Y está también la dimensión vegetal. Los esqueletos y las figuras no están simplementemuertos: parecen estar siendo absorbidos por la materia del mundo. Como si la vida y lamuerte no fueran opuestos, sino movimientos de una misma materia. Lo humano se descompone, pero también se ramifica. Se pierde, pero deja formas. Se consume, pero no desaparece del todo.

Tal vez por eso estas imágenes resultan tan hipnóticas. No porque nos entreguen una respuesta sobre lo humano, sino porque hacen visible su contradicción. Somos frágiles y voraces. Somos cuerpo y fantasía. Somos plegaria y apetito. Somos pellejo, hueso ,lenguaje, deseo, humor y tristeza.

La condición humana, en la obra de Kevin Mancera, no es una idea abstracta. Es una escena insistente: cuerpos que piden, que desean, que se consumen, que lloran, que se mezclan con la tierra, que se besan como si amar fuera también exponerse a una herida.Pero sobre todo es una forma de mirar. Una mirada que se detiene allí donde normalmente uno pasaría de largo.

Elkin Rubiano